ENMIENDAS DE MEJORA DE LAS PROPIEDADES DE LOS SUELOS
Los problemas ocasionados por la alteración de algunas de las características de los suelos descritas
anteriormente pueden ser atenuados o solventados, en la mayoría de los casos, mediante la aplicación
de unas medidas correctoras o enmiendas. Así por ejemplo, para contrarrestar los problemas de
los suelos excesivamente arcillosos cabría pensar simplemente en añadirles una cantidad determinada
de arena, o para el caso de los muy arenosos, de arcilla. Sin embargo, esta solución sólo es factible en
jardines de muy pequeño tamaño, en zonas de césped de alto valor, o en viveros, semilleros o invernaderos
dedicados al cultivo de plantas de elevada rentabilidad económica.
Dada la dificultad de corregir la textura de un suelo, salvo en casos especiales, como en algunas
cespitosas, las enmiendas que se realicen habrán de ir encaminadas principalmente a la mejora de
la estructura del suelo y al incremento de su espesor. Esto último puede conseguirse con la
realización de un laboreo en profundidad o con un buen sistema de drenaje, según el origen de la
limitación del espesor del suelo.
Enmiendas orgánicas
Vista la importancia de la materia orgánica en un suelo, es fundamental mantener un nivel
adecuado mediante la realización de enmiendas orgánicas, que no sólo tienen en cuenta la
cantidad de materia orgánica añadida, sino la calidad de la misma. Llevar a cabo una adecuada
corrección en cantidad y calidad de materia orgánica mantendrá el suelo con un óptimo nivel de
nutrientes, además se verán favorecidas la estructura y porosidad del suelo y por tanto la capacidad
de retención y de infiltración de agua.
Una de las formas más adecuadas de realizar un aporte de materia orgánica es mediante la
adición de fertilizantes orgánicos como estiércol, residuos vegetales, o residuos orgánicos
de cualquier tipo, hasta que el contenido de materia orgánica en el suelo esté entorno
al 2-3%.
Enmiendas calizas
Este tipo de enmiendas consisten en la adición al suelo de calcio en forma de carbonato
cálcico. Con esto se consiguen corregir los suelos ácidos, y poner en marcha el proceso de
transformación de nitrógeno amoniacal en nítrico (asimilable por las plantas), puesto que los microorganismos
que la realizan no son activos si el pH es inferior a 6.
Enmiendas yesíferas
Las enmiendas que añaden yeso al suelo se realizan en suelos sódicos, en los que existe un
deterioro de la estructura por la dispersión de las partículas de arcilla, que dan lugar a partículas
de menor tamaño capaces de producir el sellado de los poros, dando lugar a una mala aireación
del suelo y a una impermeabilización del mismo. Con la adición de yeso se consigue una sustitución
de sodio por calcio que favorece la formación de agregados, lo que mejorará la estructura
del suelo y por tanto la aireación y la capacidad de infiltración de agua.
El aporte de yeso puede hacerse directamente al suelo o con el agua de riego. El primer caso es más
recomendable cuando se tiene un RAS elevado y una salinidad por encima de 1 dS/m (ver UD 5 delMódulo 1 “Fundamentos del Riego”), y el segundo cuando la salinidad está por debajo de este valor.
Para recuperar un suelo sódico la cantidad de yeso granular puede oscilar entre 5 y 40 t/ha, según
la gravedad del problema. En condiciones críticas se aportarán 40 t/ha de yeso en una sola dosis,
mientras que en situaciones de menor gravedad las aportaciones se pueden realizar en varias
dosis de menor cantidad.
Otras enmiendas
Además de las enmiendas mencionadas que regulan los procesos de retención e infiltración de agua
en los suelos, se pueden llevar a cabo otras medidas que contribuyan a la regulación la humedad del
suelo y a evitar pérdidas de agua desde la superficie, por evaporación y por escorrentía. Entre estas
medidas se encuentra el empleo de cubiertas o mulching, realizadas en la mayoría de los casos
con cortezas de pino, hojas secas y virutas de madera, o bien con un sistema mixto, malla de suelo
y cubierta natural (cortezas, cantos rodados, etc.). Con las cubiertas también se consigue mejorar
la infiltración y distribuir el agua en el perfil del suelo de forma regular, así como distribuir el agua
de forma regular sobre la superficie del terreno, impidiendo su acumulación en las zonas más
bajas, y evitar la formación de costra superficial y la aparición de malas hierbas.
Por último, otra práctica empleada en mejora de suelos, en especial en aquellos que presentan
una baja capacidad de retención de humedad, es la aplicación de productos hidrorretenedores
que absorben, acumulan y liberan agua del suelo. Deben elegirse aquellos productos que no
retengan el agua con excesiva energía, ya que podrían competir con las raíces de las plantas.
Estos productos deben emplearse en casos extremos, ya que las enmiendas orgánicas clásicas
suelen ofrecer mejores resultados.

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