1º Informarse bien
2º Seleccionar la especie adecuada
Vamos a plantar un árbol
Para comprobar qué especies forestales pueden plantarse en nuestra finca y las
distancias de plantación que hay que respetar.
Nos podemos informar en la Oficina Comarcal, consultando a los Agentes
Forestales, y en el Ayuntamiento, consultando el Plan Urbano del municipio
(P.G.O.U.) o en su defecto las normas subsidiarias en vigor.
Es muy importante elegir bien la especie de árbol que queremos plantar en función
del lugar.
Si queremos que nuestro árbol esté sano deberemos tener en cuenta sus
requerimientos. No todos los árboles crecen en cualquier sitio, cada especie tiene
sus preferencias y necesidades. Algunos árboles se desarrollan mejor en lugares
fríos y húmedos, otros prefieren los enclaves más soleados y secos, etc.
El tipo de suelo también es otro factor importante. Los suelos pueden ser más o
menos ácidos o básicos dependiendo del tipo de sustrato, caliza, cuarcita, arcilla,
turba, etc. También es importante la textura, si el suelo es más o menos arenoso o
compacto, y la cantidad y tipo de nutrientes que pueda haber y su disponibilidad para
la planta.
Por otro lado tendremos que tener en cuenta la influencia del árbol en el entorno y las
posibles consecuencias cuando este crezca. Cada especie crece de una manera y
necesita su espacio y sus cuidados (poda, riego, etc.). Por ejemplo: no deberíamos
plantar árboles entre el sol y una huerta porque cuando crezcan van a dar sombra no
deseada. Tampoco sería recomendable plantar árboles muy cerca de tuberías
enterradas o desagües ya que en un futuro las raíces podrían romperlos. Algunos
árboles pueden llegar a crecer mucho en altura y sus ramas pueden afectar a tejados
o incluso en días de fuerte viento romperse y caer encima de alguna construcción.
Tampoco sería recomendable plantar especies tóxicas para el hombre en lugares
con presencia habitual de niños pequeños, como por ejemplo los tejos o los acebos
en un colegio.
La planta deberá proceder de viveros o productores de plantas forestales que figuren
inscritos en los Registros Oficiales correspondientes, que garanticen la calidad
genética y cumpla las condiciones fitosanitarias exigidas.
3º Despejar el terreno
4º Cavar el hoyo de plantación
Una vez seleccionado el lugar y los árboles que vamos a plantar, es conveniente
“rozar”, es decir, despejar el terreno o desbrozar la vegetación que pueda crear
competencia al pequeño arbolito en su entorno inmediato durante los primeros
años.
Una vez rozado deberemos preparar el suelo para facilitar el arraigo y la primera
etapa de desarrollo de la planta, es lo que se denomina “ahoyado”.
Es bueno hacerlo con antelación, si puede ser dos meses antes de plantar, ya
que con el tiempo mejoran las propiedades de la tierra. El hoyo deberá ser lo
suficientemente profundo y ancho para proporcionar a la planta suficiente tierra
removida que facilite el arraigo inicial y acumule la humedad necesaria para que
las nuevas raíces se establezcan. Se recomienda que los hoyos de plantación
tengan unas dimensiones de 40 x 40 x 40 cm y que la tierra extraída se devuelva
al hoyo libre de piedras, raíces, palos, etc., procurando que esté lo más suelta
posible.
Si vamos a plantar varios árboles
dejaremos como mínimo 3 m de
distancia entre los agujeros para que
los árboles puedan respirar y recibir
bien la luz.
5º Plantar
La plantación consiste en la correcta instalación de la planta en el suelo.
El pequeño arbolito puede venir del vivero con su cepellón o con la raíz desnuda. Es
más aconsejable utilizar plantas con cepellón ya que este proporciona una pequeña
reserva de nutrientes y de agua. Antes de plantar es importante humedecer bien el
cepellón, por lo que se puede sumergir brevemente en agua. Esto actuará de
reserva hídrica.
En el hoyo de plantación, que estará relleno de tierra suelta y removida, se abre un
pequeño agujero en el que se introduce el cepellón o la raíz, de manera que la planta
quede totalmente recta, apretando la tierra de alrededor de la planta primero con el
puño y posteriormente con el pie, cuidando que no queden bolsas de aire alrededor
del cepellón.
Es muy importante que el pequeño arbolito quede enterrado justo hasta el cuello de
la raíz.
6º Abonar
Si el suelo es pobre puede abonarse con un compuesto de nitrógeno, fósforo y
potasio, siendo el más aconsejable para los suelos forestales de Asturias un
abono de liberación lenta tipo 8:24:16.
El abono no debe tocar la raíz, para eso hay que disponerlo a unos 20 cm de la
planta y un poco enterrado. Un exceso de abono puede ser contraproducente,
siendo preferible abonar de menos que de más o no abonar. Se recomienda como
máximo unos 50 -75 gramos por planta.
7º Proteger el árbol
Después de plantar puede ser conveniente proteger el árbol frente a la acción de
animales herbívoros que lo puedan comer o ramonear u otros animales domésticos
que puedan dañarlo. Un buen sistema es la protección individual, por ejemplo
rodeando al árbol con una malla o rejilla de 1 m de altura y sujeta con bridas a un
poste o tutor clavado en el suelo.
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