De 600 a 1.200 mm de agua bien distribuidos durante el ciclo
de cultivo se consideran normales para un adecuado desarrollo
del cultivo. En algunas zonas de dos a tres riegos semanales
son suficientes para lograr un buen crecimiento de la planta y
una adecuada fructificación. El riego puede ser por aspersión o
por goteo, sin embargo, el tradicional es el riego por gravedad
en surcos paralelos.
Si el riego se realiza mediante el sistema de goteo debe
controlarse meticulosamente, pues esta planta manifiesta
problemas en las situaciones extremas de aprovisionamiento de
agua, tanto por exceso como por defecto. Es importante
mantener el equilibrio hídrico en el suelo para que la planta se
desarrolle a plenitud, sin verse afectada en su desempeño.
El régimen de riego lo determina el tipo de suelo, las
condiciones ambientales imperantes y el estado de desarrollo
de la planta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario