lunes, 20 de octubre de 2014

sembrar tomate en casa

Tomate.
Hortaliza perteneciente a la familia de
las Solanáceas. Se cultiva durante la primavera
y el verano. Es bastante exigente en
cuanto a nutrientes, agua y horas de sol.
La mayoría de las variedades tienen un
porte grande ocupando un espacio importante
del huerto urbano y requieren que
les coloquemos tutores para dirigir el crecimiento
de la planta y aguantar el peso de
los tomates. Es posiblemente uno de los
cultivos más atractivos para el aficionado al
huerto urbano, pero hay que tener en cuenta
que puede ser también uno de los más
complejos y que más problemas de plagas y
enfermedades puede tener.
Es importante realizarle una poda de los
tallos secundarios, dejando sólo 1 o 2 brotes
principales, de esta forma conseguimos
concentrar más la energía en el desarrollo de
los frutos.
Puede tener problemas de hongos
(como el mildiu) o de virus (como el bronceado
del tomate o el virus de la cuchara).
También le atacan plagas de orugas (como
la tuta o la heliothis), araña roja o mosca
blanca.

sembrar pimientos en casa

Pimiento.
Hortaliza perteneciente a la familia de
las Solanáceas. Se cultiva durante la primavera
y el verano. Es bastante exigente en
cuanto a nutrientes, agua y horas de sol.
Es una hortaliza que se adapta muy bien
al cultivo en recipientes, las variedades verdes
mejor que las rojas, siendo el pimiento
de padrón una de las variedades más interesantes
para los huertos pequeños, ya que
nos va a dar una producción interesante
para el autoconsumo desde el final de la
primavera hasta el final del verano. Una vez
se acaba la producción podemos optar por
arrancar la planta o podarla y dejarla hasta
el año siguiente que volverá a brotar en primavera.
No debemos dejar que los frutos maduren
en exceso ya que puede paralizar el crecimiento
de la planta.
No tiene grandes problemas de plagas,
le puede atacar el pulgón y la araña roja pero
no suelen producir graves daños.

plantas para cosechar en casa

Cosecha:
El momento de la cosecha es el momento
esperado en el que recogemos los frutos
de varios meses de trabajo. De hecho, tradicionalmente
en muchas localidades rurales
se celebraba la Fiesta de la Cosecha para celebrar
la recolección.
En nuestro huerto urbano la cosecha la
realizaremos conforme los frutos estén en
el momento óptimo, cogiendo en cada momento
lo que vayamos a consumir. De esta
manera comeremos hortalizas de una elevada
calidad nutricional y organoléptica.
Los frutos deben de cosecharse con cuidado
utilizando unas tijeras o un cuchillo
para no dañar la planta que debe seguir produciendo.
Algunas hortalizas como el tomate se recogen
cuando están maduras y su color rojo
nos lo va a indicar claramente. Sin embargo
hay muchas hortalizas como la berenjena,
el calabacín o el pepino que debemos recolectarlos
antes de que maduren totalmente,
siendo este el momento óptimo para el consumo.
Hay otras hortalizas como los ajos o las
cebollas con los que tenemos la opción de
cosecharlos cuando aún están tiernos o
cuando las hojas de la planta se secan, pudiendo
conservar el bubo seco durante mucho
tiempo.
Por último, decir que en un pequeño
huerto urbano, con algunas hortalizas de
hoja como la lechuga o las espinacas, nos
podemos permitir “el lujo” de cosecharlas
hoja a hoja (cogiendo siempre las hojas más
externas) según nuestra necesidad, sin tener
que arrancar toda la planta, de esta forma
recogeremos en cada momento justo lo que
nos vayamos a comer.

trasplantar plantas

Trasplante:
Cuando optamos por el cultivo en semillero,
una vez se ha desarrollado la planta debemos
de trasplantarla al recipiente definitivo
donde se va a desarrollar completamente.
Esta operación de trasplante es más o menos
delicada dependiendo de la hortaliza. Hay
especies como la cebolla, la lechuga o las
coles que soportan muy bien el trasplante e
incluso se puede realizar a raíz desnuda. Sin
embargo hay otras hortalizas como las de la
familia de las cucurbitáceas (pepino, calabacín,
sandía, melón…) donde debemos llevar
más cuidado, haciendo el trasplante manteniendo
el cepellón (el cual desharemos ligeramente
antes de transplantarlo).
El trasplante lo realizaremos cuando la
altura de la planta sea superior a la del envase
y tenga varias hojas verdaderas. En algunas
hortalizas de ciclo largo podemos hacer
repicados, que consisten en pasar del semillero
a otros recipientes más grandes antes
del traslado definitivo al huerto.

Métodos para sembrar en casa

Siembra.
Tenemos dos opciones: podemos sembrar
directamente en el huerto o podemos
hacer una siembra protegida en un semillero.
La producción de plantel en un semillero
es adecuada para muchas hortalizas
(tomates, berenjenas, pimientos, lechugas,
cebollas etc.) y nos va a aportar dos ventajas
fundamentales:
Proteger a la planta en su primera fase
de desarrollo.
Aprovechar mejor el espacio del huerto,
haciendo la selección de las plantas
que vamos a cultivar en el semillero y llevándolas
al recipiente final cuando ya tienen
cierto desarrollo.
Para el semillero podemos reutilizar
pequeños recipientes como los envases de
yogur (haciéndoles un agujero debajo para
el drenaje) o podemos comprar diferentes tipos
de semilleros que existen en el mercado,
los hay con alveolos de plástico o de turba
con o sin tapas de protección. El semillero
deberemos de colocarlo en una zona protegida
que reciba luz (incluso resguardarlo
en el interior de casa durante las noches). El
sustrato que utilizamos para el desarrollo del
plantel es el mismo que el del huerto, aunque
tamizado para eliminar las partículas
más grandes que puedan estorbar la germinación.
También existen en el mercado sustratos
preparados para semilleros.
Las semillas se siembran a una profundidad
de 2 o 3 veces su diámetro y debemos
asegurarnos de que el sustrato tiene humedad
permanentemente, ya que las plantas
en su primera fase son muy sensibles a la
falta de agua.
Algunas hortalizas como las habas, los
guisantes, las zanahorias o los rábanos, no
admiten bien el cultivo en semilleros ya que
en el trasplante la planta puede dañarse, en
estos casos sembraremos directamente en
el huerto y después de la siembra y una vez
han germinado y comenzado su desarrollo
las plantas, tendremos que eliminar el exceso
de plántulas, dejando aquellas que finalmente
se van a desarrollar con la separación
entre plantas adecuada.

ecología en el huerto urbano

Prácticas ecológicas
en el huerto urbano
Definimos agricultura ecológica como
un método de cultivo que se caracteriza por
mantener la fertilidad de la tierra, no aplicar
productos químicos de síntesis (herbicidas,
plaguicidas, hormonas, abonos químicos…)
ni utilizar organismos modificados
genéticamente.
El agricultor ecológico maneja diversas
técnicas para lograr que sus campos de
cultivo se conviertan en agrosistemas
equilibrados y con una elevada
biodiversidad, que permitan la producción
de alimentos sanos y de elevada calidad
organoléptica.
Nuestro huerto urbano debe de ser en
la medida de lo posible ecológico. Como
hemos mencionado anteriormente, crear
un huerto en casa debe de convertirse
en una experiencia de sostenibilidad y de
educación ambiental, que nos permita
obtener alimentos sanos y de calidad, por
ello no tiene ningún sentido la utilización de
productos químicos de síntesis para fertilizar
la tierra o para combatir plagas.
En el cultivo en recipientes al no
disponer de un suelo propiamente dicho,
tenemos limitaciones para aplicar algunas
de las técnicas de la agricultura ecológica,
sin embargo podemos tener en cuenta sus
conceptos y adaptarlos a nuestro huerto
urbano.
A continuación, mostramos ideas
importantes de la agricultura ecológica que
aplicaremos a nuestro huerto en casa:
Biodiversidad: nuestro huerto debe de
ser un espacio con la mayor biodiversidad
posible, en el que cultivemos diversas
hortalizas, pero donde también haya
espacio para las plantas aromáticas y
las flores (muchas de ellas actúan como
repelentes naturales de plagas. -Ver anexo
i: Plantas vivas como repelentes.-. El objetivo
es conseguir un espacio de cultivo
equilibrado, donde podamos atraer
a fauna beneficiosa que nos ayude a
controlar posibles plagas y enfermedades.
Asociaciones de cultivo: es una
de las prácticas fundamentales en
agricultura ecológica. Básicamente
consiste en combinar cultivos buscando
un beneficio en relación a la protección
frente a plagas o el aprovechamiento de
los recursos (agua, luz o nutrientes). Las
asociaciones positivas suelen producirse
entre hortalizas muy diferentes (de
diferentes familias y con diferentes partes
aprovechables) ya que no competirán
por los mismos nutrientes, ni por la luz
y tampoco tendrán las mismas plagas o
enfermedades. -Ver anexo IV: Asociacioines de
cultivo.-.
Sucesiones de cultivos: las sucesiones
son un tipo de asociación entre cultivos
que permite un mejor aprovechamiento
del espacio. Una de las mayores
limitaciones que tendremos en nuestro
huerto urbano será el espacio disponible,
por ello es importante combinar los
cultivos de un mismo recipiente en el
espacio y en el tiempo teniendo en cuenta
sus ciclos. Podemos combinar hortalizas
de ciclo largo con otras de ciclo corto,
de forma que mientras las primeras se
van desarrollando podemos cosechar las
segundas aprovechando el espacio sin
provocar ningún perjuicio. Un ejemplo de
sucesión puede ser el tomate (ciclo largo),
con la lechuga (ciclo medio) y con el rábano
(ciclo corto). En este caso recolectaremos
primero los rábanos, antes de que puedan
llegar a estorbar a las lechugas, las cuales
recolectaremos a continuación, antes de
que la tomatera sea demasiado grande y
empiece a producirle sombra.
Combinando las asociaciones y las
sucesiones conseguiremos optimizar
nuestro espacio de cultivo, mejorando la
producción y la salud de las plantas.
Rotación de cultivos: también es
una de las prácticas fundamentales de la
agricultura ecológica y base del cuidado
y conservación de la fertilidad del suelo.
En el caso del cultivo en recipientes
tendremos que tener muy en cuenta no
plantar la misma especie en un mismo
recipiente dos veces seguidas, ya que
es probable que el cultivo anterior haya
agotado algunos nutrientes específicos
y por tanto si repetimos la misma
planta tendrá deficiencias. Por otro
lado si repetimos cultivo, tenemos más
probabilidad de que la planta coja alguna
enfermedad o plaga del cultivo anterior. A
la hora de elegir las rotaciones tendremos
en cuenta que después de un cultivo
exigente en nutrientes será interesante
cultivar una hortaliza poco exigente y/o
mejorante (habas, cebollas, ajos…).
Control de plagas y enfermedades: en
la agricultura ecológica el mejor método
de control de las plagas y enfermedades
de los cultivos es la prevención. Es
decir, si conseguimos que nuestro
huerto sea un espacio equilibrado, con
elevada biodiversidad, con rotaciones y
asociaciones adecuadas conseguiremos
que sea mucho más resistente a posibles
plagas y enfermedades. En el caso de
sufrir una, lo primero que debemos
pensar es en su causa, que muchas veces
está relacionada con alguna mala práctica
en el manejo del huerto: riego, abonado,
época de cultivo etc. (por ejemplo: un
abonado excesivo en Nitrógeno puede
favorecer la aparición de una plaga de
pulgón). Es decir las plagas van a actuar
como indicadores de que algo estamos
haciendo mal y por lo tanto debemos
detectar el error y corregirlo.
En cualquier caso, no tiene ningún
sentido que en nuestro pequeño huerto
tratemos las plagas con productos químicos,
olvidándonos de nuestro objetivo de
conseguir alimentos sanos de forma
sostenible. Ante una plaga hay otros modos
de actuación:
En primer lugar, hay que valorar si
lo que tenemos es una plaga que está
provocándonos un grave problema o si la
población de organismos potencialmente
plaga está controlada y no produce
graves daños (incluso puede atraer a
insectos beneficiosos). Esta capacidad de
observación, fundamental en el huerto, la
vamos a ir adquiriendo con la experiencia.
En segundo lugar, y teniendo en cuenta
que nuestro huerto es de reducidas
dimensiones, ante una plaga podemos
actuar manualmente, podando hojas
y brotes enfermos, incluso quitando
una planta entera. También podemos
quitar manualmente orugas o pulgones,
repasando los cultivos.
Como último recurso podemos tratar
las plantas con algún preparado casero a
partir de plantas, o mediante alguno de
los productos autorizados en agricultura
ecológica que podemos encontrar en
comercios especializados, como: extracto
de Neem, Pelitre, Bacillus thuringensis etc.

Cómo crear un huerto en casa

Cómo crear un
huerto en casa?
Usamos recipientes:
El cultivo en espacios urbanos sin suelo
(balcones, terrazas o patios) nos obliga
a usar recipientes para albergar nuestras
plantas. Estos recipientes pueden ser muy
variados; podemos utilizar jardineras, macetas,
mesas de cultivo, recipientes a partir de
materiales reciclados o construirlos nosotros
mismos utilizando bloques, madera u otros
materiales.
El cultivo en recipientes tiene algunas
dificultades, que son fundamentalmente las
siguientes:
Poca profundidad de sustrato, lo cual
puede limitar el desarrollo de algunas
hortalizas, sobre todo en el caso de plantas
de tubérculo o plantas de mucho desarrollo
aéreo y frutos muy grandes como
las sandías. Por ello, debemos elegir hortalizas
adecuadas al cultivo en recipientes,
comenzando por aquellas que ofrecen
menos complicaciones como las lechugas,
los rábanos, la rúcula, los ajos etc.
Dificultades para ajustar el riego. En los
recipientes, el agua se agota con mayor
facilidad, lo cual nos va a obligar a estar
más pendientes del riego. Por otro lado a
veces caemos en un exceso de agua que
puede provocar un lavado de nutrientes
fundamentales para la planta. Por tanto
una de las tareas más importantes y donde
tenemos que ser más precisos es en el
riego, siendo de gran ayuda los sistemas
de goteo.
Los recipientes transmiten la temperatura
exterior al sustrato que albergan de
forma que el sustrato se calienta más en
verano y se enfría más en invierno que
cualquier suelo, dificultando el desarrollo
radicular de las plantas (sobre todo en los
recipientes más pequeños). Para controlar
mejor la temperatura es interesante no
poner los recipientes en contacto directo
con el suelo permitiendo que circule el
aire por debajo, en este sentido son muy
adecuadas también las mesas de cultivo
que además nos van a permitir un manejo
más cómodo.
Estas dificultades las debemos tener
presentes a la hora de planificar y manejar
nuestro huerto urbano, pero no nos van a
impedir desarrollar nuestro huerto de una
forma satisfactoria.
Usamos sustratos:
Para el cultivo en recipientes lo más
adecuado es usar sustratos orgánicos. No
debemos utilizar tierra ya que esta tiene una
mayor densidad y por tanto un mayor peso
(hasta 3 veces más que el sustrato orgánico).
Además los sustratos orgánicos tienen una
mayor capacidad para almacenar agua y nutrientes
lo cual es muy importante teniendo
en cuenta las dificultades mencionadas anteriormente
del cultivo en recipientes.
Podemos decir que un buen sustrato
tiene que tener las siguientes características:
Ser ligero, para permitirnos su manejo
con facilidad y no sobrecargar nuestras
terrazas o balcones.
Tener una adecuada porosidad, que
permita una buena aeración (circulación
del aire que permita la respiración de las
raíces) y retención de agua (que permita
que se cree una reserva de agua en el sustrato
a disposición de las raíces).
Retener nutrientes fundamentales.
Estas 3 características las tienen los
sustratos orgánicos compostados, como el
compost o el vermicompost (residuo orgánico
digerido por la lombriz de California)
que además van actuar como abonos aportando
todos los nutrientes que necesita la
planta. Otra característica fundamental del
compost es que va a servir de alimento a los
microorganismos que se desarrollan en el
sustrato, los cuales van a procesarlo, mejorando
la disponibilidad de nutrientes para la
planta. Además, el compost va liberando los
nutrientes de una forma progresiva, conforme
se va descomponiendo, lo cual permite
que el sustrato disponga de nutrientes durante
un tiempo prolongado.
Existen en el mercado sustratos que no
aportan muchos nutrientes pero que tienen
algunas de las propiedades mencionadas
(ligereza, aeración, retención de agua y retención
de nutrientes) como la fibra de coco
o el sustrato estándar. Por ello puede ser interesante
y más económico componer nuestro
sustrato combinando uno que aporte
buenas condiciones estructurales y otro que
actúe como abono aportando los nutrientes
y las propiedades de la materia orgánica.
Cada vez que acabamos un ciclo de cultivo
y retiramos las plantas, es conveniente
remover el sustrato para evitar la compactación
que éste sufre con el tiempo, mejorando
la porosidad y evitando la formación
de grietas. También es necesario hacer una
nueva aportación de compost o vermicompost
para reponer los nutrientes que se hayan
consumido o lavado.
El agricultor urbano experimentado
puede plantearse como una actividad muy
interesante la realización de compost o vermicompost
casero, utilizando para ellos restos
orgánicos de la cocina y los residuos de
poda del propio huerto. Esta labor nos va a
permitir cerrar el ciclo de la materia y la energía
en nuestro huerto y nos va a aportar un
abono de calidad que podemos utilizar para
reponer nutrientes después de cada ciclo o
como enmienda para los cultivos más exigentes
en nutrientes.
Sistema de riego:
Como se ha mencionado anteriormente,
el riego va a ser la tarea que más tiempo nos
va a ocupar en el huerto y una de las más delicadas.
El cultivo en recipientes requiere un
control más fino de la humedad del sustrato
que nos permita mantenerlo con una humedad
constante, por lo cual debemos de ajustar
muy bien el riego a la época del año y a
las hortalizas que estemos cultivando.
Podemos regar de forma manual, lo cual
será un buen método sobre todo en pequeños
huertos (3 o 4 macetas). Para regar de
forma manual, lo más adecuado es el uso de
la regadera y haciendo el riego poco a poco
para evitar la formación de grietas en el sustrato.
Este es un problema habitual cuando
se aplica el agua demasiado deprisa, que
provoca que el agua se escurra por estas
grietas saliendo por debajo antes de llegar a
empapar de forma adecuada el sustrato.
En el caso de que tengamos un huerto
relativamente grande y sobre todo si en la
época de verano recibimos mucha insolación,
es de gran ayuda la instalación de un
sistema de riego por goteo con programador.
Este sistema nos va a permitir controlar
el caudal de riego y la frecuencia de una
forma más exacta, aportando al sustrato
el agua que necesita, sin malgastarla y sin
provocar excesos de riego que suponen el
lavado de nutrientes fundamentales. Para
instalarlo, conectamos a la salida del grifo
el programador que abre y cierra el grifo en
función de lo que nosotros le marquemos
(normalmente tienen 2 variables: frecuencia
de riego y duración de cada riego), a continuación
del programador es necesario conectar
un reductor de presión que disminuye
la presión del agua de la red, haciéndola
adecuada a la presión recomendada para los
goteros. Por último también es interesante
colocar un filtro que retenga la cal y otras
impurezas del agua evitando la obstrucción
de los goteros.
En el caso de no disponer en nuestro
balcón o terraza de una toma de agua, podemos
optar por montar el riego a partir
de un depósito, el cual lo colocaremos en
altura para permitir que el agua circule por
gravedad. También existe la posibilidad de
disponer de un depósito que recoja el agua
de lluvia conectado a la bajante de aguas
pluviales, aprovechando de esta forma este
agua que es de mejor calidad que la del grifo.
Por último comentar la opción de las
jardineras con autoriego, que disponen de
un depósito de agua en la parte baja que
mantiene húmedo el sustrato permanentemente.
Este sistema puede dar buenos resultados
sobre todo en las hortalizas menos
exigentes con el agua.
Cualquiera de los sistemas de riego mencionados
puede ser bueno, aunque su buen
funcionamiento dependerá de que el sustrato
sea de buena calidad y esté bien estructurado,
ya que esto permitirá que al regar el
agua tenga una buena distribución en horizontal
y no tanto en vertical. Si la estructura
del sustrato no es la adecuada el agua tiende
a filtrarse por las grietas que se forman y
acaba perdiéndose por debajo del sustrato,
antes de empaparlo adecuadamente.
Semillas y plantones:
Una vez tenemos claro el espacio que
vamos a emplear para nuestro huerto en
casa, tenemos los recipientes, el sustrato y el
sistema de riego, sólo nos queda conseguir
las plantas que vamos a cultivar.
La mayor parte las hortalizas las vamos
a obtener a través de semillas (reproducción
sexual), aunque también hay algunas que se
cultivan a partir de partes de planta (reproducción
asexual), como es el caso de los ajos
o de las patatas. Las semillas las podemos
conseguir en tiendas especializadas donde
encontraremos las marcas comerciales, que
pueden sernos útiles, aunque tienen como
inconveniente el hecho de que son variedades
genéricas que no están adaptadas específicamente
al clima de nuestra zona. Cada
vez más podemos encontrar en el mercado
semillas ecológicas e incluso variedades
locales, lo cual es muy interesante desde
el punto de vista de la adecuación al clima
de nuestra zona y también por el hecho
de poder producir variedades que no encontramos
normalmente en los mercados,
rescatando sabores del pasado. Por último
existe otra opción para conseguir semillas
que es el intercambio con otros agricultores,
en este sentido cada día son más habituales
los jornadas de intercambio que organizan
diferentes colectivos. En una fase avanzada
de nuestra experiencia como agricultores
urbanos podemos plantearnos también la
obtención de semillas de nuestros propios
cultivos, seleccionando aquellas plantas
más vigorosas y que mejores cosechas han
producido.
Otra opción para comenzar el cultivo
de hortalizas puede ser conseguir plantel
en comercios especializados. Cada vez son
más los viveros cercanos a las ciudades que
ofrecen plantel (sobre todo en primavera)
debido al aumento importante de aficionados
al huerto en casa. Esta es una opción interesante
para aquellos que se inician en el
cultivo ya que, aunque no vemos la primera
parte del ciclo de la planta, simplifica bastante
las tareas del huerto.
Poco a poco, conforme vayamos adquiriendo
experiencia, podemos ir combinando
el uso de semillas y plantones, incluso
ser capaces de obtener y conservar nuestras
propias semillas e intercambiarlas con otros
agricultores, buscando las variedades locales
e incluso haciendo una tarea de recuperación
de aquellas variedades tradicionales
que están en peligro de extinción.