martes, 2 de junio de 2015

La rotación de cultivos en siembra directa

La rotación de cultivos en siembra directa
Por definición, la rotación de cultivos es la alternancia regular y ordenada
en el cultivo de diferentes especies vegetales en secuencia temporal en una
determinada área (Geisler, 1980).
No es sólo un cambio de especies, sino que es necesario seleccionar los cultivos
respetando sus necesidades y características diferentes, así como su
influencia diferenciada sobre el suelo, crecimiento de malezas, desarrollo
de enfermedades y plagas, en una secuencia apropiada y práctica que promueva
efectos residuales benéficos.
Cuando se planifica una rotación (Arnon, 1972) se debe tener en cuenta
la habilidad diferencial de absorber nutrientes de suelo (sistemas radiculares
que alcancen diferentes profundidades), alternar especies susceptibles
a ciertas enfermedades y plagas con aquellas resistentes, considerar todo
efecto positivo o negativo de un cultivo sobre otro (alelopatías, suministro
de nutrientes, incremento en materia orgánica, en el sistema radicular,
estructura de suelo, microorganismos o humedad residual del suelo). Es
fundamental alternar el uso de cultivos que contribuyen con el suelo con
aquellos que lo agotan.
Mediante la rotación, se tiene un efecto benéfico a través de:
• control de enfermedades
• reducción del uso de agroquímicos
• incorporación de sustratos a la flora microbiana del suelo
• mejoramiento de la productividad de la mayoría de los cultivos
• aumento de la riqueza orgánica de los suelos
• aporte al manejo integrado de malezas e insectos plagas
• diversificación de los riesgos desde el punto de vista empresarial
• incremento de la rentabilidad en el mediano y largo plazo
Hacer rotación de cultivos es una cosa y sucesión de cultivos, que es muchas
veces con lo que nos confundimos, otra. Por ejemplo, trigo-soja dos
años seguidos no es una rotación sino que es una sucesión de cultivos, que
al final termina siendo un monocultivo, ya que se hace monocultivo de
trigo en invierno y de soja en verano.
Cuando se realiza rotación de cultivos se debe tener la precaución de no
sembrar un cultivo sobre la presencia de su propio rastrojo.Una adecuada rotación debe adaptarse a la realidad física y económica del
momento, debe fundamentarse con conocimiento a largo plazo, no debe
ser rígida y sí permitir modificaciones circunstanciales dependientes del
mercado, sin modificar los principios básicos.
La rotación proporciona al suelo una protección progresiva contra la erosión
y la degradación, además de permitir balancear el consumo de agua y
nutrientes del suelo.
Por otro lado es necesario relacionar la capacidad de uso del suelo con la
exigencia de la rotación.
El efecto benéfico de la rotación depende de la selección de las especies que
la componen, ya que:
• las leguminosas forrajeras aportan fertilidad
• las gramíneas aportan materia orgánica a través de los rastrojos
• las praderas actúan como restauradoras de la condición física
En la rotación de cultivos anuales y pasturas se identifican dos períodos,
el primero en la fase agrícola donde se produce reducción de la fertilidad
(nitrógeno) y pérdida de estructura del suelo y el segundo en el cual estas
propiedades se recuperan (fase pasturas).
Con la intensificación de la fase agrícola con el doble cultivo/año se redujo
el tiempo en barbecho y con ello el tiempo de suelo descubierto. Adicionalmente
con la siembra directa se reduce el número de labores y con la
retención de rastrojos en el suelo se logra controlar la erosión hídrica.
Según datos del Proyecto Nº 36, Cangüe Nº 20, luego de siete años de comparación
de rendimientos entre cultivos sembrados con y sin laboreos no se
detectaron diferencias significativas de rendimiento acumulado de granos.
Como muestra la Figura 9, en la primera fase (fase I) de la rotación de
cultivos con pasturas hubo una tendencia a obtener menores rendimientos
relativos sin laboreo que con laboreo, situación que se revirtió durante el
segundo período de cultivo (fase II).
En la fase II cuando se realiza una rotación con siembra directa versus una
agricultura continua con siembra directa (con o sin pasturas), el rendimiento
fue mayor con pasturas que sin pasturas (9152 kg/ha vs 8056 kg/
ha). También fue mayor el rendimiento comparando el tipo de laboreo
dentro del tratamiento con rotación (9152 kg/ha vs 7618 kg/ha).
En un esquema agrícola en el que no se laborea, dejando una cantidad mínima
de rastrojo en suelo (entre 5 y 10 ton/ha/año de materia seca) según
condiciones climáticas, las pasturas pierden relevancia como recuperadoras
del potencial productivo del suelo, en términos de propiedades físicas
del mismo.
La calidad de estos rastrojos es relevante en el resultado final, destacándose
por sus efectos benéficos, cuando se trata del rastrojo de maíz y sorgo. En
cambio, es nulo el efecto del rastrojo de soja.
En sistema agrícolas que no cumplan con el aporte mínimo de rastrojo en
cantidad como en calidad, las pasturas con gramíneas perennes parecen ser
una forma viable de recuperar el potencial productivo de los suelos degradados
por la agricultura con laboreo (García-Préchac, 1992).
En sistemas intensivos de uso de suelo con alto potencial las pasturas con
leguminosas juegan otro rol, tal como el aporte de nitrógeno por fijación
simbiótica y la diversificación biológica del sistema.
En relación al balance anual de C, se puede afirmar en términos generales
que es la diferencia entre las entradas (rastrojos, raíces, exudados radiculares)
menos las salidas de C (erosión, mineralización). Existe una relación
lineal entre la cantidad de residuos que entran al suelo y los niveles de materia
orgánica del mismo, existiendo una diferencia cuantitativa importan-
te entre los cultivos. El cultivo de maíz es uno de los cultivos con mayor
aporte y la soja en la situación inversa, con aporte nulo o negativo.
Paralelamente la relación C/N más alta del rastrojo de maíz determinaría
una descomposición más lenta y sería más favorable para la formación de
materia orgánica estabilizada en el suelo, siendo nuevamente la soja la situación
inversa.
El impacto que tienen el tipo de laboreo y la rotación en la calidad del recurso
suelo es muy importante, siendo la siembra directa una tecnología
que permite tener mejores niveles de C orgánico y N vía mineralización,
especialmente en los primeros centímetros de suelo.
Cuando la secuencia de rotación de cultivos no incluye pasturas, la soja
presenta efectos negativos, los cuales pueden ser compensados por la sustitución
de parte de la misma por maíz o sorgo.

Comportamiento Fósforo bajo Siembra Directa

Fósforo
Después del nitrógeno, el fósforo (P) es el nutriente que más frecuentemente
afecta la producción de cultivos.
El contenido de P total en el suelo está definido por el material madre y se
ha observado un marcado efecto del clima, siendo las zonas más húmedas
las más deficientes en este nutriente (Tisdale, 1993).
Del P total del suelo, sólo las fracciones solubles y lábiles (inorgánicas y
orgánicas) están disponibles para el ciclo del cultivo.
Guía de siembra directa
30
Las fracciones de P mantienen un equilibrio dinámico y complejo entre
ellas. Una pequeña fracción de P está en forma soluble, la cual está en equilibrio
con la fracción lábil que comprende el P orgánico fácilmente mineralizable
y los fosfatos débilmente adsorbidos a las arcillas coloidales.
La mayor parte del P está en formas insolubles o fijadas, principalmente
como minerales primarios fosfatados, humus, fosfatos insolubles de Ca, Fe
y Al, y los fosfatos fijados por los óxidos y minerales silicatados.
El P orgánico representa una fracción importante del P del suelo oscilando
entre 15% y 80% del P total en el horizonte superficial, dependiendo del
tipo de suelo y su composición (Halsted y McKercher, 1975).
La respuesta de los cultivos a la fertilización fosfatada depende del nivel de
P disponible en suelo, pero también es afectada por factores del suelo, del
cultivo y del manejo del fertilizante.
Entre los factores del suelo que inciden, se destacan la textura, la temperatura,
el contenido de materia orgánica y el pH, mientras que entre los del
cultivo figuran los requerimientos y el nivel de rendimiento.
En sistemas de siembra directa, la reducida movilidad del P en el suelo
resulta en la estratificación del P en profundidad, con mayores concentraciones
en superficie debido a la acumulación de residuos y a la ubicación
superficial de los fertilizantes.

Fertilización en siembra directa

Fertilización en siembra directa
En siembra directa la no perturbación del suelo, junto con la acumulación
de residuos sobre la superficie, produce grandes cambios en la dinámica y
distribución de nutrientes en el suelo.
Estos presentan una diferente distribución vertical de nutrientes inmóviles
como fósforo (P) y potasio (K), materia orgánica, actividad microbiana y
las raíces de los cultivos.
Los cambios en el contenido y distribución de materia orgánica, pH y potencial
de oxidación afectan la dinámica y disponibilidad de P y N aplicados
en superficie, y la eficiencia de uso de los fertilizantes.
Estos cambios en cantidad y distribución de la materia orgánica y propiedades
físicas y químicas del suelo resultan en efectos directos e indirectos
sobre la composición y dinámica de las poblaciones microbianas.
Los efectos sobre los microorganismos del suelo se reflejan en las transformaciones
de nutrientes como el nitrógeno (N), cuya dinámica es gobernada
por la actividad microbiana del suelo.
En la figura 7 se muestra la evolución teórica de la actividad microbiana en
suelos bajo SD y LC (Doran, 1990).
En el invierno la actividad está restringida en ambos tipos de labranza por
la baja temperatura y la falta de aireación.
Cuando se efectúa una labranza se produce un pulso de actividad en la
labranza convencional. Esto está dado por una mayor aireación y por la
exposición de compuestos carbonados disponibles.
En la siembra directa la actividad aumenta de acuerdo a incrementos en la
temperatura. Durante el verano el suelo bajo siembra directa almacena más
humedad mientras que en laboreo convencional, la actividad está sujeta a
cambios bruscos de humedad y a ciclos de secado y re humedecimiento.

Comportamiento Nitrógeno bajo Siembra Directa

Comportamiento de diferentes nutrientes bajo Siembra Directa
Nitrógeno
El nitrógeno (N) es el nutriente más importante para la producción vegetal
por las cantidades requeridas por los cultivos y por las deficiencias en los
suelos agrícolas.
La deficiencia en este nutriente es una limitante para obtener buenos rendimientos
y por lo tanto es necesario ser eficientes en el uso del mismo.
En siembra directa la descomposición de los residuos es menor que en laboreo
convencional. Esto influye sobre el nivel de N total del suelo, su disponibilidad
y la de otros nutrientes (Morón, 2001).
Suelos con labranzas conservacionistas repercuten en menores pérdidas de
carbono (C) y N orgánico del suelo (Sawchik, 2001). Estos tipos de labranzas
tienden a retardar la descomposición de los residuos.
En los primeros años de instrumentación de un sistema de siembra directa,
las condiciones de menor mineralización neta y mayor desnitrificación
resultan en una menor disponibilidad de N para los cultivos.
Esto queda en evidencia en menores acumulaciones de N mineral (NO3- y
NH4+) a la siembra y/o una menor oferta de N durante el ciclo del cultivo
(Doran, 1990; Bergh, 1993; Rizzalli, 1995) y por lo tanto en la recomendación
de mayores dosis de N con respecto al sistema de laboreo convencional
(Peterson, 1995). El comportamiento de la oferta de N depende del cultivo, de las condiciones
edáficas y climáticas y de la cantidad de años de siembra directa continua.
Esta situación de menor disponibilidad en los primeros años del sistema se
revierte posteriormente por una mayor acumulación de N orgánico, lo que
resultaría en un mayor abastecimiento de N, permitiendo disminuir las
dosis de N a niveles similares a laboreo convencional o aún menores (Fox
y Bandel, 1986).
La forma más abundante en la que se encuentra el N en el suelo es la orgánica,
pero las plantas pueden absorberlo en su forma mineral, principalmente
como nitrato (NO3). El pasaje de formas orgánicas a inorgánicas se denomina
mineralización, así como el proceso inverso, inmovilización, son muy
dinámicos y están gobernados por la actividad microbiana del suelo.
En siembra directa la mineralización se ve enlentecida por la no incorporación
de los residuos y la magnitud de este enlentecimiento depende de la
cantidad de residuos, del tipo de los mismos, tanto en su forma física (tamaño,
densidad y diámetro), como en su composición química (relación
Carbono/Nitrógeno) y de las condiciones climáticas.
El aumento de requerimientos de N en los primeros años no sólo se debe
a una menor mineralización de N, sino también está dado por la inmovilización
de N, ya que en los primeros años usualmente hay una ganancia
neta de materia orgánica del suelo. Cuando el fertilizante N es aplicado
en superficie la inmovilización es más acentuada, debido a la presencia de
residuos del cultivo anterior.
Con respecto a la lixiviación de N en sistemas de siembra directa, existe un aumento
en el potencial de lixiviados de nitratos, lo cual está dado por una mayor
infiltración de lluvias, mayor almacenaje de agua y menor evaporación.
La mayor humedad, la menor fluctuación de temperatura diaria y la acumulación
de residuos orgánicos en la superficie, repercuten en una mayor actividad
microbiana en superficie en siembra directa que en labranza convencional.
Normalmente hay una presencia mayor de bacterias anaeróbicas, lo cual
resulta en un menor potencial de oxidación y mayores pérdidas de NO3
por desnitrificación.
La dosis de fertilizante N a agregar debe determinarse en base a la diferencia existente entre el requerido por el cultivo y lo suministrado por el suelo.
En sistemas de siembra directa, hasta que se logra un nuevo equilibrio en
la materia orgánica, los requerimientos son mayores.
Para determinar la disponibilidad de N mineral para un cultivo, el análisis
de nitratos es una determinación confiable Este análisis presenta una variabilidad
muy grande entre muestreos, lo que se explica por su relación
directa con la actividad microbiana del suelo y la lixiviación.
También se debe tener en cuenta que el nitrato se agota rápidamente en el
suelo cuando existen plantas creciendo, las que se desarrollarán en proporción
directa a la cantidad de nitratos que puedan absorber.
Esto es un factor más para determinar el período de barbecho. Cuanto mayor
es la cantidad de malezas extrayendo N del suelo, mayor será el contenido de
este nutriente en la planta y menor en el suelo, disponible para el cultivo.
Este mismo efecto ocurre con la disponibilidad de N en relación al largo
de barbecho. Cuanto más largo es el período, mayor es la disponibilidad de
NO3 en el suelo.
En siembra directa el fraccionamiento del fertilizante N sería una forma de
mejorar su uso, esto teniendo en cuenta las menores temperaturas de suelo,
las cuales tienden a retrasar la germinación, emergencia y crecimiento
temprano de los cultivos.
Considerando las pérdidas de eficiencia por inmovilización de los residuos,
volatilización de amonio y lixiviación, sería conveniente la aplicación
de fertilizante N localizado, incorporado por debajo de la capa de
residuos (Griffith, 1977).

Control de malezas

Control de malezas
Como se mencionó, la siembra directa necesita de los herbicidas para su
existencia y entre éstos, el más frecuentemente utilizado es el glifosato.
A continuación veremos algunos aspectos que debemos considerar en
su manipulación.
El glifosato es un herbicida sistémico y no selectivo, lo cual significa que
una vez que es absorbido por las hojas, se trasloca a toda la planta provocando
su muerte.
La eficiencia de su acción está dada por factores inherentes a la planta, al
ambiente y a la aplicación en sí misma (Delucchi, Com. pers).
Básicamente, las especies de malezas se pueden dividir en:
Gramíneas, donde los puntos de crecimiento se encuentran en la
base de la planta.
• Malezas de hoja ancha (latifoliadas), en las cuales los puntos de
crecimiento se encuentran diseminados por toda la planta.
El glifosato es considerado fundamentalmente un graminicida, ya que le
resulta más fácil alcanzar los puntos objetivos en las gramíneas. Para el
combate de malezas de hoja ancha (latifoliadas) será necesario una mayor
dosis o utilizar otros herbicidas específicos para tal fin.
A su vez, las distintas especies pueden ser anuales o perennes. En estas últimas,
existen yemas por debajo de la superficie del suelo, lo que requiere mayor
concentración de producto. En cambio con las anuales, los puntos de crecimiento
están sobre la superficie, facilitando el trabajo y una menor dosis.
Otra consideración es la relación parte aérea/parte subterránea y el grado
de desarrollo de la maleza. Este herbicida penetra a través de las hojas, por
lo que requiere un mayor desarrollo de las mismas. Es necesario evaluar si
existe una gran cantidad de masa vegetal bajo la superficie y poca superficie
de hojas sobre el suelo. Por ejemplo, para la gramilla (Cynodon dactylon) al
final del verano se dan las peores condiciones para el control efectivo de la
misma. Cuando la maleza se encuentra más desarrollada y con hojas viejas,
al producto le resulta más difícil penetrar en la planta, por lo tanto es necesario
considerar muy cuidadosamente el estado fisiológico de la planta.
Cualquier tipo de stress, cortes o pastoreos recientes, déficit hídrico, etc.
determinarán una menor efectividad del producto.

Condiciones Climáticas

Condiciones Climáticas
Las condiciones climáticas comprometen la efectividad del producto. La
luminosidad y temperatura son condiciones que favorecen un activo crecimiento
vegetal y una buena la circulación del glifosato por la planta.
Con humedad relativa ambiente baja, las gotas pulverizadas se evaporan
antes de llegar a la superficie de la hoja. Por lo tanto no es recomendable
realizar la aplicación con valores por debajo de 60 % de humedad ambiental.
Tampoco lo es aplicar con rocío, ya que cuando éste es excesivo puede
existir un rodamiento de la gota sobre la hoja y su pérdida hacia el suelo.
25
Con lluvias probables en el corto plazo tampoco se debe aplicar. Es necesario
tener previamente al menos ocho horas libre de precipitaciones.
Si la velocidad del viento es mayor a 12 km/h se genera una situación
comprometida, comienza a haber deriva del herbicida. En este caso se
recomienda utilizar boquillas anti-deriva, las cuales aumentan el tamaño
de la gota, así como también disminuir la presión del equipo de aplicación
a 2 kg/cm2.

Condiciones para la aplicación SIEMBRA

Condiciones para la aplicación
Cuando se decide realizar la aplicación es necesario definir algunos
puntos, como son:
• dosis
• utilización de tensoactivos
• determinación de la calidad de agua
La dosis del producto depende de:
• tipo de maleza a combatir
• estado de desarrollo
• edad
• ciclo (si es anual o perenne)
Para la selección del principio activo, la formulación del herbicida y la definición
de la dosis a utilizar, se deberá consultar a su asesor profesional, tomando la
decisión correcta después de evaluar las condiciones en cada caso.
Los tensoactivos se utilizan para reducir la tensión superficial del agua,
aumentando la superficie de contacto en la hoja.
El agua a utilizar debe estar limpia, ya que aguas con presencia de materia
orgánica, sales o arcillas inactivan la molécula de glifosato. Cuando tenemos
aguas duras (carbonatos de calcio y otras sales) con distintos niveles de
salinidad ya conocidos, se recomienda utilizar coadyuvantes específicos o
aumentar la dosis como forma de mantener la eficiencia deseada.