martes, 2 de junio de 2015

Comportamiento Fósforo bajo Siembra Directa

Fósforo
Después del nitrógeno, el fósforo (P) es el nutriente que más frecuentemente
afecta la producción de cultivos.
El contenido de P total en el suelo está definido por el material madre y se
ha observado un marcado efecto del clima, siendo las zonas más húmedas
las más deficientes en este nutriente (Tisdale, 1993).
Del P total del suelo, sólo las fracciones solubles y lábiles (inorgánicas y
orgánicas) están disponibles para el ciclo del cultivo.
Guía de siembra directa
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Las fracciones de P mantienen un equilibrio dinámico y complejo entre
ellas. Una pequeña fracción de P está en forma soluble, la cual está en equilibrio
con la fracción lábil que comprende el P orgánico fácilmente mineralizable
y los fosfatos débilmente adsorbidos a las arcillas coloidales.
La mayor parte del P está en formas insolubles o fijadas, principalmente
como minerales primarios fosfatados, humus, fosfatos insolubles de Ca, Fe
y Al, y los fosfatos fijados por los óxidos y minerales silicatados.
El P orgánico representa una fracción importante del P del suelo oscilando
entre 15% y 80% del P total en el horizonte superficial, dependiendo del
tipo de suelo y su composición (Halsted y McKercher, 1975).
La respuesta de los cultivos a la fertilización fosfatada depende del nivel de
P disponible en suelo, pero también es afectada por factores del suelo, del
cultivo y del manejo del fertilizante.
Entre los factores del suelo que inciden, se destacan la textura, la temperatura,
el contenido de materia orgánica y el pH, mientras que entre los del
cultivo figuran los requerimientos y el nivel de rendimiento.
En sistemas de siembra directa, la reducida movilidad del P en el suelo
resulta en la estratificación del P en profundidad, con mayores concentraciones
en superficie debido a la acumulación de residuos y a la ubicación
superficial de los fertilizantes.

Fertilización en siembra directa

Fertilización en siembra directa
En siembra directa la no perturbación del suelo, junto con la acumulación
de residuos sobre la superficie, produce grandes cambios en la dinámica y
distribución de nutrientes en el suelo.
Estos presentan una diferente distribución vertical de nutrientes inmóviles
como fósforo (P) y potasio (K), materia orgánica, actividad microbiana y
las raíces de los cultivos.
Los cambios en el contenido y distribución de materia orgánica, pH y potencial
de oxidación afectan la dinámica y disponibilidad de P y N aplicados
en superficie, y la eficiencia de uso de los fertilizantes.
Estos cambios en cantidad y distribución de la materia orgánica y propiedades
físicas y químicas del suelo resultan en efectos directos e indirectos
sobre la composición y dinámica de las poblaciones microbianas.
Los efectos sobre los microorganismos del suelo se reflejan en las transformaciones
de nutrientes como el nitrógeno (N), cuya dinámica es gobernada
por la actividad microbiana del suelo.
En la figura 7 se muestra la evolución teórica de la actividad microbiana en
suelos bajo SD y LC (Doran, 1990).
En el invierno la actividad está restringida en ambos tipos de labranza por
la baja temperatura y la falta de aireación.
Cuando se efectúa una labranza se produce un pulso de actividad en la
labranza convencional. Esto está dado por una mayor aireación y por la
exposición de compuestos carbonados disponibles.
En la siembra directa la actividad aumenta de acuerdo a incrementos en la
temperatura. Durante el verano el suelo bajo siembra directa almacena más
humedad mientras que en laboreo convencional, la actividad está sujeta a
cambios bruscos de humedad y a ciclos de secado y re humedecimiento.

Comportamiento Nitrógeno bajo Siembra Directa

Comportamiento de diferentes nutrientes bajo Siembra Directa
Nitrógeno
El nitrógeno (N) es el nutriente más importante para la producción vegetal
por las cantidades requeridas por los cultivos y por las deficiencias en los
suelos agrícolas.
La deficiencia en este nutriente es una limitante para obtener buenos rendimientos
y por lo tanto es necesario ser eficientes en el uso del mismo.
En siembra directa la descomposición de los residuos es menor que en laboreo
convencional. Esto influye sobre el nivel de N total del suelo, su disponibilidad
y la de otros nutrientes (Morón, 2001).
Suelos con labranzas conservacionistas repercuten en menores pérdidas de
carbono (C) y N orgánico del suelo (Sawchik, 2001). Estos tipos de labranzas
tienden a retardar la descomposición de los residuos.
En los primeros años de instrumentación de un sistema de siembra directa,
las condiciones de menor mineralización neta y mayor desnitrificación
resultan en una menor disponibilidad de N para los cultivos.
Esto queda en evidencia en menores acumulaciones de N mineral (NO3- y
NH4+) a la siembra y/o una menor oferta de N durante el ciclo del cultivo
(Doran, 1990; Bergh, 1993; Rizzalli, 1995) y por lo tanto en la recomendación
de mayores dosis de N con respecto al sistema de laboreo convencional
(Peterson, 1995). El comportamiento de la oferta de N depende del cultivo, de las condiciones
edáficas y climáticas y de la cantidad de años de siembra directa continua.
Esta situación de menor disponibilidad en los primeros años del sistema se
revierte posteriormente por una mayor acumulación de N orgánico, lo que
resultaría en un mayor abastecimiento de N, permitiendo disminuir las
dosis de N a niveles similares a laboreo convencional o aún menores (Fox
y Bandel, 1986).
La forma más abundante en la que se encuentra el N en el suelo es la orgánica,
pero las plantas pueden absorberlo en su forma mineral, principalmente
como nitrato (NO3). El pasaje de formas orgánicas a inorgánicas se denomina
mineralización, así como el proceso inverso, inmovilización, son muy
dinámicos y están gobernados por la actividad microbiana del suelo.
En siembra directa la mineralización se ve enlentecida por la no incorporación
de los residuos y la magnitud de este enlentecimiento depende de la
cantidad de residuos, del tipo de los mismos, tanto en su forma física (tamaño,
densidad y diámetro), como en su composición química (relación
Carbono/Nitrógeno) y de las condiciones climáticas.
El aumento de requerimientos de N en los primeros años no sólo se debe
a una menor mineralización de N, sino también está dado por la inmovilización
de N, ya que en los primeros años usualmente hay una ganancia
neta de materia orgánica del suelo. Cuando el fertilizante N es aplicado
en superficie la inmovilización es más acentuada, debido a la presencia de
residuos del cultivo anterior.
Con respecto a la lixiviación de N en sistemas de siembra directa, existe un aumento
en el potencial de lixiviados de nitratos, lo cual está dado por una mayor
infiltración de lluvias, mayor almacenaje de agua y menor evaporación.
La mayor humedad, la menor fluctuación de temperatura diaria y la acumulación
de residuos orgánicos en la superficie, repercuten en una mayor actividad
microbiana en superficie en siembra directa que en labranza convencional.
Normalmente hay una presencia mayor de bacterias anaeróbicas, lo cual
resulta en un menor potencial de oxidación y mayores pérdidas de NO3
por desnitrificación.
La dosis de fertilizante N a agregar debe determinarse en base a la diferencia existente entre el requerido por el cultivo y lo suministrado por el suelo.
En sistemas de siembra directa, hasta que se logra un nuevo equilibrio en
la materia orgánica, los requerimientos son mayores.
Para determinar la disponibilidad de N mineral para un cultivo, el análisis
de nitratos es una determinación confiable Este análisis presenta una variabilidad
muy grande entre muestreos, lo que se explica por su relación
directa con la actividad microbiana del suelo y la lixiviación.
También se debe tener en cuenta que el nitrato se agota rápidamente en el
suelo cuando existen plantas creciendo, las que se desarrollarán en proporción
directa a la cantidad de nitratos que puedan absorber.
Esto es un factor más para determinar el período de barbecho. Cuanto mayor
es la cantidad de malezas extrayendo N del suelo, mayor será el contenido de
este nutriente en la planta y menor en el suelo, disponible para el cultivo.
Este mismo efecto ocurre con la disponibilidad de N en relación al largo
de barbecho. Cuanto más largo es el período, mayor es la disponibilidad de
NO3 en el suelo.
En siembra directa el fraccionamiento del fertilizante N sería una forma de
mejorar su uso, esto teniendo en cuenta las menores temperaturas de suelo,
las cuales tienden a retrasar la germinación, emergencia y crecimiento
temprano de los cultivos.
Considerando las pérdidas de eficiencia por inmovilización de los residuos,
volatilización de amonio y lixiviación, sería conveniente la aplicación
de fertilizante N localizado, incorporado por debajo de la capa de
residuos (Griffith, 1977).

Control de malezas

Control de malezas
Como se mencionó, la siembra directa necesita de los herbicidas para su
existencia y entre éstos, el más frecuentemente utilizado es el glifosato.
A continuación veremos algunos aspectos que debemos considerar en
su manipulación.
El glifosato es un herbicida sistémico y no selectivo, lo cual significa que
una vez que es absorbido por las hojas, se trasloca a toda la planta provocando
su muerte.
La eficiencia de su acción está dada por factores inherentes a la planta, al
ambiente y a la aplicación en sí misma (Delucchi, Com. pers).
Básicamente, las especies de malezas se pueden dividir en:
Gramíneas, donde los puntos de crecimiento se encuentran en la
base de la planta.
• Malezas de hoja ancha (latifoliadas), en las cuales los puntos de
crecimiento se encuentran diseminados por toda la planta.
El glifosato es considerado fundamentalmente un graminicida, ya que le
resulta más fácil alcanzar los puntos objetivos en las gramíneas. Para el
combate de malezas de hoja ancha (latifoliadas) será necesario una mayor
dosis o utilizar otros herbicidas específicos para tal fin.
A su vez, las distintas especies pueden ser anuales o perennes. En estas últimas,
existen yemas por debajo de la superficie del suelo, lo que requiere mayor
concentración de producto. En cambio con las anuales, los puntos de crecimiento
están sobre la superficie, facilitando el trabajo y una menor dosis.
Otra consideración es la relación parte aérea/parte subterránea y el grado
de desarrollo de la maleza. Este herbicida penetra a través de las hojas, por
lo que requiere un mayor desarrollo de las mismas. Es necesario evaluar si
existe una gran cantidad de masa vegetal bajo la superficie y poca superficie
de hojas sobre el suelo. Por ejemplo, para la gramilla (Cynodon dactylon) al
final del verano se dan las peores condiciones para el control efectivo de la
misma. Cuando la maleza se encuentra más desarrollada y con hojas viejas,
al producto le resulta más difícil penetrar en la planta, por lo tanto es necesario
considerar muy cuidadosamente el estado fisiológico de la planta.
Cualquier tipo de stress, cortes o pastoreos recientes, déficit hídrico, etc.
determinarán una menor efectividad del producto.

Condiciones Climáticas

Condiciones Climáticas
Las condiciones climáticas comprometen la efectividad del producto. La
luminosidad y temperatura son condiciones que favorecen un activo crecimiento
vegetal y una buena la circulación del glifosato por la planta.
Con humedad relativa ambiente baja, las gotas pulverizadas se evaporan
antes de llegar a la superficie de la hoja. Por lo tanto no es recomendable
realizar la aplicación con valores por debajo de 60 % de humedad ambiental.
Tampoco lo es aplicar con rocío, ya que cuando éste es excesivo puede
existir un rodamiento de la gota sobre la hoja y su pérdida hacia el suelo.
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Con lluvias probables en el corto plazo tampoco se debe aplicar. Es necesario
tener previamente al menos ocho horas libre de precipitaciones.
Si la velocidad del viento es mayor a 12 km/h se genera una situación
comprometida, comienza a haber deriva del herbicida. En este caso se
recomienda utilizar boquillas anti-deriva, las cuales aumentan el tamaño
de la gota, así como también disminuir la presión del equipo de aplicación
a 2 kg/cm2.

Condiciones para la aplicación SIEMBRA

Condiciones para la aplicación
Cuando se decide realizar la aplicación es necesario definir algunos
puntos, como son:
• dosis
• utilización de tensoactivos
• determinación de la calidad de agua
La dosis del producto depende de:
• tipo de maleza a combatir
• estado de desarrollo
• edad
• ciclo (si es anual o perenne)
Para la selección del principio activo, la formulación del herbicida y la definición
de la dosis a utilizar, se deberá consultar a su asesor profesional, tomando la
decisión correcta después de evaluar las condiciones en cada caso.
Los tensoactivos se utilizan para reducir la tensión superficial del agua,
aumentando la superficie de contacto en la hoja.
El agua a utilizar debe estar limpia, ya que aguas con presencia de materia
orgánica, sales o arcillas inactivan la molécula de glifosato. Cuando tenemos
aguas duras (carbonatos de calcio y otras sales) con distintos niveles de
salinidad ya conocidos, se recomienda utilizar coadyuvantes específicos o
aumentar la dosis como forma de mantener la eficiencia deseada.

Almacenamiento de nutrientes SIEMBRA

Almacenamiento de nutrientes
De igual forma ocurre con la disponibilidad de nitrógeno como nitratos
(NO3), que aumenta con un mayor tiempo de barbecho.
Período de barbecho
Al tiempo que transcurre entre la muerte de un cultivo o del tapiz existente y
la siembra se le denomina barbecho. Este es el período comprendido entre la
fecha de la aplicación del herbicida total y la de siembra del cultivo siguiente.
Si lo comparamos con un sistema de laboreo convencional, el barbecho
ocurre entre el laboreo primario y la siembra (Ernst-Marchesi, 2001).
Durante este período ocurre la muerte y descomposición de los rastrojos
de cultivos o pasturas (, se acumula nitrógeno en el suelo, se recarga
el perfil de agua, se producen sucesivas emergencias de malezas anuales y
se prepara la sementera, como se describió anteriormente.
Estos procesos son dependientes del tipo y cantidad de rastrojo presente, temperatura,
humedad y fertilidad del suelo, aspectos que dependen, a su vez, de
la época del año que se considere y del sistema de producción utilizado.
Para cada condición climática y de suelo, el tiempo de barbecho es una
variable determinante de la disponibilidad de nitrógeno (NO3) y de agua
al momento de la siembra.
La muerte del cultivo o maleza que está creciendo permite que se inicie la
descomposición de los residuos orgánicos subterráneos y cese la absorción
de nitratos y agua.

El tiempo de barbecho mínimo está determinado por el rastrojo a manejar,
por lo que serán necesarios más días cuando se parte de un campo natural o
sorgo, que cuando se lo hace de soja o trigo, por la composición del material
vegetal. Cuando no se respeta este tiempo, es probable que ocurran fallas en
la implantación, menor crecimiento inicial y deficiencias de nitrógeno.
Para situaciones sin laboreo, el cultivo previo funciona de igual manera
que el crecimiento de malezas, consumiendo el agua y los nutrientes que
normalmente son acumulados durante un período de preparación de suelo
con laboreo.
En cultivos como girasol, maíz, soja, el barbecho se inicia antes de la cosecha
y el período de barbecho sería desde madurez fisiológica-cosecha y
cosecha-siembra del próximo cultivo. Para cultivos que llegan vivos hasta
la cosecha –como el sorgo – la aplicación de un herbicida total pre-cosecha
permite adelantar el inicio del período de barbecho.
En el Cuadro 2 se presenta el tipo de antecesor sobre la disponibilidad de
N-NO3 a la siembra de trigo sembrado sin laboreo (Ernst, 2000).
Otro fenómeno que ocurre es la descomposición del material vegetal, tanto
en su parte aérea como en su parte subterránea (raíces). A la vez que liberan nutrientes almacenados en sus estructuras permiten una granulación
del suelo dejando espacio libre en donde estaban las raíces, lo que hace que
se “afloje” o descompacte el suelo. Una vez finalizado este proceso, es posible
acumular N- NO3
El período de barbecho es determinante del resultado final sobre la humedad
disponible. Si durante este período tenemos crecimiento vegetal,
tendremos consumo de agua por transpiración de las malezas, por lo que el
efecto de la cobertura con rastrojo evitando la evaporación y favoreciendo
la acumulación de agua es anulado.
Esto tiene una incidencia directa sobre la instalación de un cultivo de verano,
donde el manejo del barbecho deberá tender a conservar el agua.
Según información experimental (Ernst y Marchesi, 2000) se demostró que
en situaciones de siembras sin laboreos, el tiempo de barbecho jugó un rol
similar al de la época de laboreo, posibilitando la acumulación de nitrógeno
mineral en el suelo, favoreciendo la acumulación de agua y generando
una mejor condición física de la cama de siembra.
En este proyecto se evaluaron tres períodos de barbechos: 30, 60 y 90
días pre-siembra. Para cultivos de verano de “primera”, los períodos se
definieron como “barbecho corto”, “barbecho medio” y “barbecho largo”
respectivamente.
Los resultados obtenidos en el primer año de este trabajo estuvieron condicionados
por la sequía establecida a partir de fines de invierno de 1999. En
estas condiciones, el tiempo de barbecho fue determinante de la cantidad
de agua almacenada en el suelo, la implantación y el crecimiento posterior
de los cultivos y su rendimiento en grano.
A continuación se presentan los resultados obtenidos, a modo de ejemplo,
sobre el efecto que tiene el tiempo de barbecho sobre la disponibilidad de
nitrógeno, la humedad del suelo, la implantación, el peso de la planta y el
rendimiento en grano. Dentro del rango estudiado de longitud de barbecho,
el barbecho largo, acumuló más N-NO3, agua y en la mayoría de los casos
eso se tradujo en mayores rendimientos