- Escoria de carbón mineral quemado
- Escorias o tobas volcánicas
- Arenas de ríos o corrientes de agua limpias que no tengan alto
contenido salino
- Grava fina
- Maicillo.
Cuando se usan escorias de carbón, tobas volcánicas o arenas de ríos,
estos materiales deben lavarse cuatro o cinco veces en recipientes grandes, para
eliminar todas aquellas partículas pequeñas que flotan. El sustrato ya está en
condiciones de ser usado cuando el agua del lavado sale clara. Si las cantidades
de sustrato que se necesitan son muy grandes, entonces se deben utilizar
arneros o mallas durante el lavado, para retener las partículas de tamaño
superior a medio milímetro. También deben excluirse las que tengan tamaño
superior a 7 mm.
El exceso de partículas con tamaños inferiores al mínimo indicado
dificultan el drenaje de los excedentes de agua y, por lo tanto, limitan la
aireación de las raíces. Los tamaños superiores impiden la germinación de las semillas pequeñas, como la de apio y lechuga, y además restan consistencia al
sustrato. Lo anterior limita la retención de humedad y la correcta formación de
bulbos, raíces y tubérculos.
Algunas escorias de carbón o de volcanes tienen niveles de acidez muy
altos y algunas arenas (como las arenas de mar) los tienen muy bajos (son
alcalinas). Estos materiales deben ser lavados muy cuidadosamente, hasta que
no les queden sustancias que los hagan muy ácidos o muy básicos.
Si no es posible acondicionar con el lavado estos materiales a niveles
de acidez ligeramente ácidos o próximos a la neutralidad (pH 6,5-7,0) es
preferible excluirlos y utilizar otros. Ello es preferible antes que afectar la
eficacia de las soluciones nutritivas que se aplicarán y, por lo tanto, el
desarrollo de los cultivos en una HHP.
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